
Dicen que todo lo que brilla en una feria internacional es éxito garantizado. Y claro, si lo afirma una nota oficial, quiénes somos nosotros para sospechar. Así llegó Coahuila a FITUR 2026 en España: con la compostura de quien presume medallas que quizá no supo ganar, y con la sonrisa lista para la foto institucional. ¿Resultado? Un éxito anunciado, celebrado y convenientemente empaquetado en un dossier de prensa.
El desfile de la diplomacia turística
FITUR 2026 fue, como siempre, el escenario perfecto para ese ritual anual donde los estados venden mucho más que destinos: venden historias, promesas y, sobre todo, expectativas. En el pabellón de Coahuila, la puesta en escena parecía diseñada por un creativo de agencia que nunca ha pisado un rancho pero maneja muy bien el concepto de autenticidad. Vinos, desiertos, minería, tradiciones y modernidad, todo en un mismo estand, como si los matices de un territorio pudieran comprimirse en un roll-up y un catálogo de alta resolución.
¿De qué hablamos cuando hablamos de éxito?
La nota oficial utiliza esa palabra con la frialdad de diplomacia: éxito. ¿Significa que llegaron turistas en masa? ¿Que se cerraron contratos millonarios? ¿O que la exposición logró lo que cualquier feria: acumular aplausos y contactos en LinkedIn? A juzgar por el entusiasmo, la definición de éxito parece flexible. Es admirable la creatividad para transformar un stand bien iluminado en prueba fehaciente de progreso. Porque si algo prueba la modernidad de un proyecto es tener un photocall atractivo y un hashtag demasiado ingenioso.
El folclore versionado y la verdad paralela
En la traducción de la identidad regional a imágenes promocionales, siempre hay margen para la licencia poética. ¿Quién dijo que las vides de Parras no podían ser reinventadas como vinícolas boutique aptas para influencers? ¿Quién se opone a que el desierto se convierta en escenario para actividades de aventura que, curiosamente, no aparecen en los mapas municipales? No es que mientan: es más bien una reinterpretación artística de la geografía y la economía local, convenientemente filtrada y con un leve toque de glamour.
Branding vs. realidad
El estand de Coahuila en FITUR brilló como brillante fue el logo nuevo que nadie pidió pero todos aplaudieron. Hay que reconocer el esfuerzo: brochures impecables, pantallas interactivas y personal con sonrisas entrenadas. La desconexión entre la gráfica y la calle se resolverá sola, seguramente con un plan maestro que incluye slogans inspiradores y una inversión simbólica en señalética urbana.
Los protagonistas: quién posa y por qué
No puede faltar la sesión de fotos con autoridades, empresarios y turoperadores. La imagen oficial: manos estrechadas, un brindis con vino coahuilense y la bandera ondeando sutilmente al fondo. Es un clásico. En la práctica, esta coreografía sirve para dos cosas: generar notas de prensa que circulan por redes oficiales y crear la ilusión de que los acuerdos diplomáticos se cierran con una copa en la feria. Nada como la estética del brindis para sellar compromisos que, como los buenos propósitos de año nuevo, dependerán de la disponibilidad presupuestaria.
Lo que la nota no explicó (pero intuimos)
Probablemente nadie en el stand prometió carreteras nuevas ni fondos mágicos para el turismo rural. Sin embargo, el verbo “impulsar” se conjuga a todas horas y su poder retórico es formidable: impulsemos el turismo, impulsemos la inversión, impulsemos la identidad regional. La gramática oficial es seductora y cuidada, ideal para ser leída entre un canapé y otro, en la recepción del pabellón.
Pequeñas grandes contradicciones
Mientras tanto, en casa, algunos actores locales se preguntan si la visibilidad internacional se traducirá en beneficio comunitario o permanecerá como retórica bonita para reportes trimestrales. No se trata de criticar la presencia en FITUR; la promoción es necesaria. Se trata de no confundir la vitrina con el taller.
Al final, la presencia de Coahuila en FITUR 2026 cumplió con su tarea más importante: aparecer en la foto global con buena iluminación y sonrisas ad hoc. El siguiente paso, ese menos fotogénico, exige coherencia: traducir likes y menciones en políticas claras, inversión en infraestructura y apoyo real a quienes sostienen el atractivo turístico de la región. Porque celebrar un éxito dentro de un pabellón es fácil; sostenerlo en el territorio es otra cosa, y ahí es donde la retórica deberá enfrentar la realidad con la misma contundencia con la que ahora celebra su propio reflejo en la feria.



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